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Octavio Guevara Rubio: tras la vida y la obra de Francisco Sánchez Flores



Pedro Valderrama Villanueva 


En los últimos años he tenido la fortuna de encontrarme con nuevos valores dentro de la investigación literaria en Jalisco, investigadores que aportan miradas renovadas al pasado y rescatan voces que, en muchos casos, habían quedado apagadas por el olvido. Más allá de los trabajos concebidos desde el cubículo o el escritorio, la verdadera labor de estos gambusinos de las letras consiste en rastrear tesoros ocultos a la mirada común: libros resguardados en librerías de viejo o en las páginas amarillentas de revistas y periódicos olvidados por el tiempo. En esa búsqueda paciente y minuciosa, lejos de los reflectores, reside —a mi juicio— el auténtico valor de una tarea que pocos se atreven a emprender.

En los últimos 10 años algunos de estos espíritus aventureros que han apostado parte de sus esfuerzos a estas tareas pendientes, y que constituyen de alguna manera la nueva cara de la investigación literaria en Jalisco, hallamos a Ricardo Sigala, Dante Alejandro Velázquez, Fernando G. Castolo, Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar, Carlos Axel Flores Valdovinos, Milton Iván Peralta, Guillermo Tovar, Didiana Sedano, Helga Vega, Kenia Cornejo, Andrea Reynoso y, más recientemente, Octavio Guevara Rubio.


En años recientes, Octavio Guevara, historiador de formación, ha venido llevando a cabo su labor principalmente desde el archivo histórico de Tlajomulco de Zúñiga, desde donde ha entregado algunos libros consagrados a la historia de su municipal, pero aunado a estos trabajos, también viene formulando desde hace más de una década un ambicioso proyecto: recatar la vida y obra de Francisco Sánchez Flores.

A Octavio lo conocí en 2008 cuando los dos cursamos el Diplomado en Historia y Geografía de Jalisco, impartido desde el Instituto Jaliscienses de Antropología e Historia de Jalisco en el extinto Museo de Arqueología del Occidente, donde semanalmente coincidíamos para escuchar las exposiciones ofrecidas por parte del Mtro. Juan Gil Flores y otros profesores expertos en la materia. Ahí, Octavio y un servidor, logramos intercambiar experiencias y puntos de vista en torno a autores de nuestro interés como Adalberto Navarro Sánchez, Arturo Rivas Sainz, Francisco Sánchez Flores y Olivia Zúñiga. Autores que, hasta ese entonces, permanecían prácticamente en el anonimato. Me sorprendió la audacia y destreza con que Octavio se movía para conseguir auténticas rarezas bibliográficas escritas por algunos de estos autores. Logró incluso detectar en una escuela primaria ubicada en Tlajomulco algunos ejemplares de limitadísima edición realizadas casi artesanalmente por Francisco Sánchez Flores, materiales empolvados y en el olvido a punto de terminar en la basura. Gracias al buen ojo de Guevara Rubio logró rescatar y registrarlos.  


Tras varios años de silencio con respecto al tema de estos escritores, Octavio me sorprendió, no hace mucho tiempo, con la noticia de que el primer tomo de las obras completas de Francisco Sánchez Flores apareció dentro de la prestigiosa colección Biblioteca Jalisciense, proyecto encabezado por Avelino Sordo Vilchis y editado por la Universidad de Guadalajara. Esta es una colección de indudable trascendencia que incluye obras de autores como Victoriano Salado Álvarez, Basilio Vadillo, Amalia Guerra, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Salvador Echavarría, José Guadalupe Zuno, Ramón Rubín y Raúl Aceves, entre otros. Cabe resaltar que ésta es la continuación de las colecciones Letras Inmortales de Jalisco y Clásicos Jalisciense, que la Secretaría de Cultura de Jalisco editó a finales de los años dos mil y a inicios de la siguiente década. Dentro de estas primeras dos series hallamos obra de autores como Amado Nervo, Enrique González Martínez, Mariano Azuela, Carlos González Peña, Agustín Yáñez, Olivia Zúñiga, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Francisco Rojas González, José Luis Martínez, Elías Nandino, Arturo Rivas Sainz, Alfonso Gutiérrez Hermosillo, Juan Martínez, Ernesto Flores y Raúl Navarrete, entre varios más.     


Para el primer tomo titulado En estas danzas tradicionales de Jalisco (2022), Octavio Guevara se decidió por rescatar los textos de Sánchez Flores consagrados al estudios y difusión de los bailables populares. En estos textos, pocos conocidos hoy en día, somos testigos del papel protagónico que tuvo Sánchez Flores en su época, pues algunos de sus esfuerzos fueron pioneros de los estudios y rescate de las danzas regionales. Él junto a Amalia Hernández, María del Refugio García Brambila “Miss Cuca”, fueron algunos de los precursores en el tema en su época. Incluso Alberto Dallal, connotado estudioso de la danza en México ha retomado los estudios realizados por Sánchez Flores sobre el tema de los bailables tradicionales de Jalisco como punto de partida para los propios. Es decir: estamos ante un material de indudable relevancia en el tema. Pero además de pionero de la danza en Jalisco, Sánchez Flores fue un distinguido artista plástico. Sus pinturas de caballete se encuentran en la actualidad en galerías y colecciones privadas en México y Estados Unidos. También se desarrolló dentro del muralismo, una de estas obras se encuentra en el auditorio “Saúl Rodiles” de la Escuela Normal de Jalisco. 

En conclusión, Guevara Rubio se inscribe con pleno derecho en la nueva ola de estudiosos de las letras en el olvido en Jalisco. Con el volumen En estas danzas tradicionales de Jalisco, Octavio da un primer paso sólido en la dirección correcta. Su trabajo demuestra que la labor de recuperación cultural ya no se circunscribe únicamente a Guadalajara, Zapotlán el Grande, Autlán o Chapala, sino que también se realiza desde Tlajomulco. En los próximos años, su investigación promete nuevos materiales sobre el autor de La vida y la muerte entre los tlajomulcas (1956), que, sin duda, ampliarán el conocimiento y la difusión de la obra de este artista olvidado.       

     


 

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