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La investigación literaria, otra ruta es posible. Una autoentrevista para el programa Existencias


 Pedro Valderrama Villanueva 

Los inicios

Mis inicios dentro del mundillo literario se remontan a mi época de estudiante de preparatoria en Tijuana, donde nací en 1973. A inicios de los años noventa comencé a escribir y publicar entrevistas a cantantes de rock mexicano (como Rita Guerrero, Julieta Venegas, Rubén Albarrán y Luis Güereña) y artículos sobre discos de bandas como The Breeders, Café Tacuba y Frank Black, fanzines y la escena alternativa en la ciudad, en la revista de la preparatoria y en un fanzine, que por mi cuenta publicaba en aquellos años, Cherry Bomb. Mi primer artículo periodístico apareció en Diario 29, en octubre de 1993, fue sobre Julieta Venegas. 

Por esos años, formé parte de un pequeño movimiento que se dio en esta ciudad fronteriza, al lado de futuros músicos, editores, videoastas, fotógrafos y escritores que apenas iban comenzando, al igual que uno, o, mejor dicho, pavimentando su destino. Fue una época muy emocionante para todos los que participamos ahí, e indudablemente nos marcó. Dicho sea de paso, escribí un libro sobre este periodo intranquilo, Detonación: Contra-Cultura (menor) y el movimiento fanzine de Tijuana, 1992-1994 (2014).


La evolución

Llegué a Guadalajara, en 1994, para estudiar mi carrera en la Escuela Normal de Jalisco, pero sin dejar a un lado mis inquietudes por la escritura y la edición. Por fortuna, el CUCSH, por aquellos años, estaba ubicado frente a mi escuela. Mis escapadas frecuentes a la biblioteca de ahí y con los libreros de los pasillos de la ex Facultad de Filosofía y Letras alimentaron mis inquietudes por los libros y la lectura. En 1996, junto a una compañera de la Normal, quien algunos años después se volvió en mi esposa, editamos una revista para el olvido, Bagaje Cultural, sólo apareció un número. Ese mismo año, ingresé a la licenciatura en Letras Hispánicas en la UdeG, donde conocí a Alejandra Zapa, Berónica Palacios y Ana Lilia Larios, entre otros amigos de esta aventura, con quienes comencé a conocer la movida literaria de la ciudad, que era, al igual que en otras épocas, vibrante y llena de propuestas nuevas, frescas, periféricas, punk. Con los libreros de los pasillos de la ex Facultad me topé libros y plaquetas de editoriales locales como Ediciones Arlequín, Mala Estrella, El Hoyo, y revistas como Trashumancia y Soberbia. Poco después, junto con un amigo tijuanense que estudiaba en la UAG, intentamos lanzar una revista literaria de formato tabloide por nuestra propia cuenta, cuyo nombre original fue Destellos; juntamos suficiente material para dos números, y, por falta de fondos, aplicamos para una beca para su edición; la ganamos, sin embargo, sorprendentemente, una amistad de mi amigo, una estudiante de leyes, también de la UAG, nos robó el proyecto, por cuestiones de papeleo, y fue rebautizada como Tinta Nueva, a finales de los años noventa. ¡Qué decir!, son gajes del oficio. 


A partir de esa época, se me abrió un nuevo mundo de posibilidades, me aficioné por estos materiales y, algunos años después, en 2001, por su estudio y difusión, a través de la beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco, que obtuve para realizar una investigación en torno a las revistas literarias de la década de 1990 de Guadalajara, mientras cursaba la maestría en Estudios de literatura mexicana, en la UdeG. Fue en 2003, cuando comencé a publicar mis primeros artículos en los suplementos culturales de los periódicos El Informador y El Occidental, que fueron avances sobre dicha investigación.


Proceso creativo

Aunque no me considero del todo un creador, aunque he publicado cuento, poesía y microficción en antologías y algunas revistas, mi actividad principal, desde mis inicios, es la investigación literaria. Me parece que hay personas llamadas a la creación y otras a las actividades de rescate y difusión, es decir: historiar las letras. En lo personal, me identifico con figuras como Sara Velasco, Ernesto Flores y Ramiro Villaseñor, quienes dedicaron sus esfuerzos por estas tareas “menores” por la vía libre; es decir: de manera independiente y sin el cobijo de alguna institución para llevar a cabo su labor. Mi proceso creativo, o mejor dicho: proceso para elaborar mis trabajos, parte siempre, primeramente, con la meta de contribuir con nuevos conocimientos a temas poco abordados por otros estudiosos, como la poesía contemporánea, las publicaciones periódicas, la actividad editorial y la obra de autores en el olvido; en segundo lugar, me parece que hay cierto didactismo en mis libros, pues van principalmente dirigidos a estudiantes curiosos y lectores en general, difícilmente pienso en académicos al memento de escribir mis textos; tal vez porque éstos, por lo general, no dirigen sus papers o libros a los lectores fuera de los círculos universitarios; éstos son, muchas veces, elitistas, que se recluyen en sus cubículos y congresos con poco alcance. En pocas palabras: se mantienen dentro de una especie de gueto académico. Mi trabajo, a lo largo de estos años, ha tratado de hacer lo contrario, nadar a contracorriente. 


Comparto enseguida parte de mi bibliografía: Crítica: ensayos y reseñas de Arturo Rivas Sainz (2006), El perímetro de la hoja. Las revistas literarias de Guadalajara, 1991-2000 (1997), Dispersiones. Textos sobre literatura jalisciense (2011), La Biblioteca de Autores Jaliscienses y otros estudios (2014), Et Caetera (1950-1988). Selección de textos (2014), En la orilla del tiempo. Antología de poetas jaliscienses nacidos entre 1967 y 1979 (2022), La palabra inacabada. Textos sobre literatura contemporánea de Jalisco (2022), Et Caetera. Autores, contenidos y referencias (2023) y Corazón de metralleta. Breve historia del movimiento poético y editorial de Guadalajara, 1971-1990 (2023). 


¿Me considero activista?

Desde luego que sí. Me considero muchas veces como una especie de Diógenes moderno, pero, en mi caso, en busca de nuevas promesas dentro de la investigación literaria en Jalisco. La búsqueda continúa, tengo la seguridad de que, en los próximos años, otros curiosos seguirán asimismo este camino de la investigación por los nuestros, también siguiendo esta ruta alternativa. Asimismo, tengo la esperanza de que mis libros, de alguna manera, estimulen y despierte en el lector la curiosidad por la investigación o los estudios literarios, tal vez por mera curiosidad, hobby o profesionalmente. En tantas palabras, esto es a lo que a uno le apuesta.


Planes futuros a corto y mediano plazo 

Por lo pronto, el plan a corto plazo es ver impresa mi investigación más reciente, Obra reunida de Emmanuel Palacios, que compila, por primera vez, la poesía y la prosa completa del escritor jalisciense; éste es un trabajo que me llevó más de dos décadas para juntar los materiales, y que, gracias a Keli Ediciones, aparecerá este 2024. Y mis planes a mediano y largo plazo, se concentran sobre la misma ruta: nuevas investigaciones sobre la literatura de Jalisco, que seguramente en los próximos años estarán saliendo a la luz. 



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