Escasas son las experiencias que se igualan a la sensación que se produce al escuchar una rola de Nirvana, Smashing Pumpkins o Pixies. De hecho, difícilmente podemos encontrar alguna manifestación tan electrificante y llena de sensaciones como la música (y en particular al rock y sus derivados como el punk, heavy metal o grunge). Rock y poesía es ya un viejo tema que en repetidas ocasiones se ha tocado por parte de numerosos escritores desde hace más de medio siglo. En México, Sergio Mondragón, José Agustín y Parménides García Saldaña, durante las décadas de 1960 y 1970, fueron los pioneros del tema quienes se encargaron de escribir sobre el tema. García Saldaña escribió algunas obras que intentaron hacer este crossover entre la literatura y el rock en Pasto verde (1968), En la ruta de la onda (1972) y Mediodía (1975). Sin embargo, con poco éxito, pues son experiencias y lenguajes disímiles, incomparables.
Difícilmente la actitud desafiante y contestataria del rock puede reproducirse en otras manifestaciones. No obstante, los poetas beat estadounidenses y los Infrarrealistas mexicanos son ejemplos de este entrecruzamiento, pues mediante una poesía provocadora desafiaron a sus lectores, así como The Stooges o The Cramps lo hicieron, en su momento, dentro de la música.

El punk es, pues, ante todo una actitud DIY (Do it yourself = Hazlo tú mismo) ante la vida, un estandarte ante el mundo, un modus vivendi, pongámosle la piel que deseemos (a propósito, alguna vez un conocido anarquista tijuanense me expresó: “hasta el cuate mejor trajeado puede ser más punk que el chavo con studs y mohawk”). Quién puede, a estas alturas, negar lo punk, por ejemplo, en el trabajo cinematográfico de un early Alejandro Jodorowsky, John Waters o Jim Jarmusch; en los escritos de Germán List Arzubide o en la pintura de María Izquierdo. La actitud punk es algo que va más allá del estereotipo que, por lo general, se asocia al punketo: como lo estrafalario, la inmadurez y lo pueril.
En Guadalajara, esta actitud, asociada comúnmente con la contracultura, vio sus primeras manifestaciones dentro de la música y la poesía a partir de la década de 1970, a través de bandas de rock como Toncho Pilatos y los poetas disidentes integrado por un conjunto amplio de jóvenes que inician a publicar sus creaciones en diferentes revistas marginales de la época. Esta sororidad estuvo integrada por Ricardo Yáñez, Ricardo Castillo, José Ruiz Mercado, Carlos Prospero, Enrique Macías, Amado Pérez, Raúl Aceves, Raúl Bañuelos y Dante Medina, al lado de una extensa legión de poetas noveles, quienes irrumpieron en el panorama literario de la localidad para renovar el lenguaje y la sensibilidad (y dejando una huella profunda en las siguientes generaciones).

En la década de 1980 se integran otras figuras que asimismo emanan a través de sus creaciones esta actitud desafiante como los escritores y moneros, Jis, Trino, Falcón, Enrique Blanc y Julio Haro, quienes se reunieron alrededor de la revista marginal Galimatías y, poco después, la Generación Pospumcuás, conformada a mediados de este decenio por poetas como Raúl Ramírez y Ataúd Martinolli, quienes les imprimieron crudeza y vivencias netamente urbanas a sus creaciones. En esta época, asimismo surgieron los proyectos marginales de Sergio Fong, quien, a través del BUSH (Barrios Unidos del Sector Hidalgo), reunió varios escritores provenientes de los diferentes barrios de Guadalajara en publicaciones periféricas como La Koza y ¡Qué role!
Alejandro Zapa y Sergio Fong
Entre la década de los noventa y los dos mil, la literatura punk o periférica de Guadalajara se centró, principalmente, en el grupo de poetas que fundó Ediciones Arlequín y la colección Canto de Sátiro. Durante las primeras dos décadas del nuevo siglo se consolidaron importantes foros para la proyección de la producción literaria de la ciudad, al lado de la renombrada Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, organizada desde 1986, y la antigua Feria Municipal del Libro de Guadalajara, realizada desde 1969, surge, asimismo, a finales del primer decenio, la Feria del Libro Usado y Antiguo de Guadalajara, importante plataforma para la venta y difusión del libro y sus autores. También no puede dejarse de mencionar los foros alternativos que se vienen realizando paralelamente a la FIL desde finales de los dos mil, como la Anti-FIL, La Otra-FIL, Las noches cartoneras, Las francachelas, Liber FILIA y Fóbica Fest (organizado anualmente en octubre), dispersos en distintos espacios culturales independientes de la ciudad, como La Mutualista, Malasangre, Centro Cultural Mixcoacalli, La Rueda, El Palíndromo, Casa Alcalde Cultural, Arcadia Fusión Cultural, El Tártaro, La Escalera, Patán, Ortográfika, entre otros lugares, donde se llevan a cabo lecturas, conferencias, presentaciones de libros y revistas marginales, tanto de Guadalajara como de otras ciudades.

Asimismo, en este periodo, se observan diferentes dinámicas novedosas que se integran al medio literario local, como el performance, los jams, box poético, los ciclos de lectura On the road, Poesía en tu mercado, el KnockOut Poético; así como un interés mayor por la microficción, promovida por figuras como Juan Carlos Gallegos, y por la literatura fantástica, la ciencia ficción, el horror y el gore, impulsada por Roger Vega. Las escuelas de escritura cuya presencia en la ciudad data de finales de los años ochenta con la apertura de la Escuela de Escritores SOGEM, dirigida por Martha Cerda, que ha venido organizando cursos de escritura de narrativa y poesía desde dicha época. Más recientemente, a finales de la segunda década del siglo XXI, ante la demanda de este tipo de espacios, la UdeG inauguró la licenciatura en Escritura Creativa, como parte del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). También debe destacarse la constante proliferación de talleres literarios en la ciudad y la creación de cursos destinados a conocer las letras de la región, como el Diplomado en literatura jalisciense, impartido, en su momento, por los especialistas en letras regionales, Sara Velasco y Efraín Franco Frías. Pocos años después, en 2012, se inauguró la maestría en Letras de Jalisco, dirigida por Jorge Souza, y respaldada por la Secretaría de Cultura de Jalisco. Los suplementos culturales, otro ingrediente importante dentro del desenvolvimiento cultural en la ciudad desde la década de 1960, de periódicos como El Informador, La Opinión, El jalisciense, El Occidental y Siglo 21/Público, por desgracia, claudicaron a mediados de la primera década del nuevo siglo, lo que significó una pérdida sensible al medio cultural de la ciudad, pues domingo a domingo, durante varias décadas, éstos le dieron cabida (además de las revistas literarias) a buena parte de los actores que conformaron el medio cultural de la Perla Tapatía. Otro fenómeno que se vino observando en este periodo, tal vez debido a la falta de espacios radiofónicos ofrecidos por parte del Gobierno del Estado y la Universidad de Guadalajara, numerosos escritores y promotores crearon sus propios programas de radio por internet, podcasts y programas vía Facebook, YouTube o Spotify, lo que ha ampliado el abanico de posibilidades para difundir el quehacer literario (y cultural) de la ciudad, a través de programas como Existencias, de Carlos Alberto Ramírez Delgadillo, Bajo la mirada, de Gabriel Padilla, y, más recientemente Rompiendo el ritual de lo habitual, de Nancy Zamora y Julio Grotten, entre numerosos más, que aparecen y desaparecen esporádicamente. Las redes sociales también se han colocado como atractivas plataformas para que los escritores difundan sus creaciones y promover lecturas y presentaciones, entre otras actividades, sustituyendo los medios impresos tradicionales, motivo por el cual, en gran medida, las revistas literarias impresas y suplementos han claudicado a partir de la primera década del nuevo siglo.

Asimismo, a partir de la primera década del nuevo siglo, se observa la participación cada vez más fuerte de la mujer en años recientes dentro del medio literario de Guadalajara, principalmente en el terreno de la poesía. La cantidad de mujeres dentro del medio actual es notoria, así como como en el trabajo de edición, donde observamos mujeres al frente de revistas o fanzines como Papalotzi, DADA y Áspera o en editoriales como Literalia Editores, Ediciones Papalotzi, Polvo y Ceniza, Proyección Literaria, Ediciones Mandrágora, Editorial Al Gravitar Rotando, Typotaller y Kalmet Ediciones, entre otras. En cuanto a la poesía, una parte de esta efervescencia está retratada en el libro 10 balas. Antología de poesía escrita por mujeres de Guadalajara (2017).
Al lado de estos acontecimientos locales, asimismo se observa, durante este periodo, la buena recepción que ha tenido la obra de algunos autores jaliscienses y que los ha llevado a dar a conocer sus libros en otras ciudades y países, como son los casos de Antonio Ortuño, Cecilia Eudave, Celia del Palacio, Carmen Villoro, Luis Armenta Malpica, Godofredo Olivares, Silvia Eugenia Castillero, Bernardo Esquinca, Fernando de León, José Israel Carranza, Eugenio Partida, Gerardo Gutiérrez Cham, Mario Heredia, Hiram Ruvalcaba Alejandro von Düben, Ave Barrera y Paola Llamas. El caso de Ortuño es muy particular, pues ningún autor jalisciense, en décadas recientes, desde Juan Rulfo o Agustín Yáñez, ha tenido tanta aceptación por parte de la crítica especializada y de lectores de diversos países. Entre su amplia bibliografía destacan las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), La fila india (2013), Méjico (2015), La vaga ambición (2017), Olinka (2019) y La armada invencible (2022); varios de estos títulos, asimismo, han sido editados y traducidos a otros idiomas. Otra autora que ha logrado abrirse camino dentro del mundo editorial en años recientes es la narradora Cecilia Eudave, quien también ha logrado publicar sus libros en sellos importantes de España. En décadas pasadas, autoras como Martha Cerda y María de Jesús Barrera, lograron publicar sus libros en editoriales de la Ciudad de México, como Joaquín Mortiz, que circularon y tuvieron buena recepción por parte de la crítica tanto de México como de otros países. En el terreno de la poesía, Luis Vicente de Aguinaga, León Plascencia Ñol, Ángel Ortuño, Karla Sandomingo, Xitlálitl Rodríguez y Xel-Ha López Méndez han destacado a escala nacional e internacional durante este periodo.

Así también, a partir de la segunda década del presente siglo, se observan numerosos colectivos literarios en Guadalajara, como el colectivo integrado principalmente por mujeres, I Am Arte y Soy Arte, que organizan asimismo lecturas públicas de poesía en diferentes espacios de la ciudad, editan libros cartoneros y fanzines. Poetas Impropios es una agrupación plural y abierta a entusiastas del verso que desean compartir, con pocos filtros de por medio, sus creaciones en distintos foros independientes de la ciudad y programas de radio por internet.
Es dentro de este contexto y línea que miramos el surgimiento de otros poetas en Guadalajara que plasman en sus versos una urgencia por expresar sus vivencias cotidianas, tanto lo positivo como lo negativo, los abusos, las injusticias y la violencia urbana, sin dejar al lado sentimientos como el (des)amor, la euforia, la tristeza y la soledad. Su escritura es siempre de forma directa y cruda. Son creaciones que, en ocasiones, rayan en lo social, en la denuncia, y no por ello carecen de calidad. Su lenguaje no proviene de las aulas universitarias o del canon tradicional de nuestra poesía. Su lenguaje procede del barrio, muchas veces del caló de las tribus urbanas que conforman ese otro sector cultural invisible a los ojos del mainstream: lo contracultural o punk. Es, pues, una poesía que nada continuamente a contracorriente. Difícilmente son autores invitados a veladas literarias llevadas a cabo en museos o recintos reservados a las figuras consagradas de las letras locales y sus foros más bien son los bares, algunos cafés y centros culturales alternativos.
Pedro Valderrama Villanueva
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